Llevo años haciendo entrevistas, los pocos que me conozcáis desde mis inicios en el podcasting (hará ahora unos doce años) lo sabréis.

Puedo decir con cierto orgullo que son tantas que hace mucho tiempo perdí la cuenta. Por supuesto comencé con algo fácil, entrevistando a otros podcaster en «El arca de la alianza», pero tras un año más o menos me aventuré a contactar a: escritores, empresarios, periodistas… Gente que por aquel entonces ni sabía lo que era un podcast.

Cada vez que enviaba un correo electrónico tenía un nudo en el estómago, siempre se tiene esa duda de si te responderán o te ignorarán. 

Pensar que te preguntarán tus audiencias o incluso las pregunta por adelantado. O que se reirán de tí por no pertenecer a una emisora de radio como mínimo.

Estoy muy orgulloso por la gente que he logrado entrevistar, y gracias a eso he aprendido mucho. Pero una de las cosas que más valoro de lo que he aprendido es a saber distinguir cuando estás hablando con un gilipollas. Aunque también os digo que, por fortuna, no es lo habitual.

Voy a contaros dos casos para que podáis ver la diferencia entre alguien que solo es estricto y uno que es un gilipollas.

El primer caso es un Director general de una empresa muy conocida. Es lógico pensar que será una persona ocupada, con muchos compromisos y, sobre todo, que tendrá un Director de Comunicación que le indica con quien puede hablar y con quien no. Este hecho por cierto, el del Director de Comunicación es algo que muchos desconocen; es posible que él quiera que le entrevistes pero sea el responsable de comunicación el que le diga que no.

En este caso él le indicó al responsable de comunicación que quería acceder a la entrevista y le dieron el visto bueno, primer escollo salvado. 

Con esto ganado le expliqué mi situación, soy un podcaster aficionado, tengo un trabajo de cuarenta horas semanales y por aquel entonces mi hija todavía era un bebé por lo que mi tiempo era muy limitado y solía grabar los viernes noche o fines de semana.

De forma muy educada él me explicó que había tenido serios problemas familiares por trabajar demasiadas horas incluso estando en casa y que por ello se negaba a seguir trabajando una vez salía de la oficina, por lo que la entrevista debería ser durante su horario laboral.

Es normal, comprensible y era yo quien debía buscarme la vida. Seguimos hablando y acordamos la entrevista para unos tres meses después, cuando yo estuviese de vacaciones y pude entrevistarlo un día entre semana por la mañana.

Hablando y con tiempo se pueden resolver los problemas, si se quiere.

Ahora voy a poner otro ejemplo, en este caso no voy a dar ningún dato para evitar que alguien quiera hacer de detective…

Tras solicitar la entrevista aportando todos los datos recibí una respuesta cortante y brusca, incluso creo que podría calificarse como grosera:

«Por las mañanas cuido a mi hija, por las tardes trabajo, por la noche duermo y el fin de semana no quiero hacer nada. Así que ya me dirás cuando puedes entrevistarme».

Le respondí que podía amoldarme a lo que me dijera, un rato muerto. Incluso podía llamarle al teléfono móvil como ya he realizado en bastantes ocasiones porque entiendo que puede ser un engorro conectarse al ordenador para que te entrevisten.

Pero ya no volví a recibir ninguna respuesta de su parte.

No digo que esta persona fuera un gilipollas por no querer que le entrevistara; sino por las formas.

Es comprensible que no quieras que un podcaster te entreviste, incluso que no te gusta que te entreviste nadie, perfecto, pero dilo.

Decidme si no se queda mejor con una respuesta de este otro estilo: «Gracias por pensar en mí para entrevistarme, pero tengo mucho trabajo y una niña pequeña y ahora mismo me resulta imposible concedértela».

Perfecto, no pasa nada, se le agradece la respuesta, se tacha de la lista o se apunta para dentro de unos años y se sigue adelante.

Es posible que alguien pensase que el Director de la empresa era un gilipollas por no ponerse en la piel del podcaster, que lo hace en su tiempo libre no como un locutor de una radio. Pero no, es una persona con unos principios y horarios y es muy respetable.

El otro no, el otro sí es un gilipollas…

Share This

Share This

Share this post with your friends!