Vivimos en una época en la que todo son prisas, nos estresamos a nosotros mismos sin razón alguna porque esperamos que todo tenga una velocidad mínima de «inmediatamente».

Hay muchos factores para que suceda esto pero yo me voy a centrar en la tecnología y ese demonio que llevamos siempre con nosotros: el teléfono móvil.

Y el teléfono como tal no tiene culpa de nada como mucha gente se empeña en afirmar pero claro, es más fácil decir que la culpa de todo la tiene una «sustancia adictiva» que reconocer que la culpa es nuestra.

Desconozco como se ha generado esta dependencia, esta necesidad que tiene mucha gente de dejar todo lo que está haciendo para dedicarle una atención plena un elemento externo que ha pausado su vida con un simple «ding» de su móvil que le indica que ha sucedido algo.

Y es que las fatídicas notificaciones «push» son una catástrofe natural y por una razón que no comprendo se implementan en todas las aplicaciones.

Entiendo que un servicio de mensajería las tenga, como: WhatsApp, Telegram, Mensajes o el que sea; pero en el resto de casos no.

Una cuenta de correo electrónico no tiene ningún sentido que nos notifique al instante cuando nos ha llegado uno nuevo. Habrá unas pocas excepciones en casos de cuentas de trabajo corporativas, pero en el resto de los casos no. Eso solo tiene sentido en el ordenador, cuando se está trabajando.

Lo mismo ocurre con las redes sociales ¿de verdad alguien necesita saber al instante en qué momento alguien le ha mencionado, comenzado a seguir o chorrada similar? Ya te enterarás de eso cuando entres en dicha red social.

Y todo ha comenzado a girar en torno a esa nefasta inmediatez; juegos que te avisan cuando puedes realizar una acción para que entres a él, servicios de noticias que te bombardean sin cesar, aplicaciones de meteorología que te indican que a lo mejor se nubla… Y todo son chorradas que nos da igual enterarnos en el momento que dentro de una hora.

Repito que la culpa no es del móvil, ni de la tecnología y mucho menos de la tecnología «push» que lo permite, sino nuestra por hacerles caso.

Hace años yo también caí en sus redes, quizá por curiosidad y la novedad de poder estar «informado» de todo al instante pero pronto me di cuenta de lo ridículo que era.

En el correo electrónico eliminé la sincronización y la dejé en manual para que se actualizase cuando yo entrase. En las redes sociales desactivé todas las notificaciones, desinstale todos los juegos chorras y busqué todas las aplicaciones que tuviesen alguna notificación y decidí una a una cuales necesitaba y cuales no para configurar de forma individual que notificaciones eran necesarias.

Incluso en un servicio de mensajería, como es Telegram, desactivé las notificaciones. 

Debemos ser conscientes de que si una persona me pregunta algo en la mayoría de los casos es irrelevante que yo lo lea ahora o dentro de dos horas. Esa obsesión que tiene la gente con que le respondan de forma inmediata no tiene razón de ser, y lo histérica que se ponen si ven que has leído el mensaje y no has respondido merece una capítulo a parte .

En los servicios en los que hablo con la familia si he dejado las notificaciones «push», pero en el resto no, ya leeré lo que me dicen cuando entre.

Es exactamente igual que un correo electrónico, si hay algo que es urgente y requiere una respuesta inmediata voy a daros un truco infalible y que no os imaginaréis la mayoría… Llamad por teléfono.

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