Llamadme ingenuo pero no me avergüenza reconocer que yo era de los que pensaban que el tamaño no importaba. Es más, cuando Apple lanzó los iPhone Max pensé que nadie los iba a comprar; era ridículo pagar más dinero por un mayor tamaño de pantalla, dejando de lado la mejora en las cámaras.

Cuando salió el iPhone X lo tenía muy claro, al eliminar los bordes era un teléfono «todo pantalla» y pese a que su tamaño era menor en conjunto el tamaño de pantalla era el mismo, todo ventajas.

Durante un año ha sido mi teléfono y debo reconocer que estaba encantado con él, es cierto que las sensaciones al utilizarlo eran muy distintas con los anteriores modelos que he tenido.

El agarre en la mano es cómodo, el desbloqueo mediante Face ID rápido y cómodo, la calidad de la pantalla genial y el tamaño perfecto tanto para llevarlo en el bolsillo como para usarlo con una mano.

Sin embargo ya imaginaréis que hay un pero. Cuanto más tiempo llevaba con él mayor era la sensación de que «se quedaba pequeño».

La pantalla era del mismo tamaño que el modelo anterior que había tenido, un iPhone 7 Plus, sin embargo al ponerlo junto a ese modelo (que era de mi mujer) se veía que era más pequeño, no de pantalla sino por los marcos.

Al estar viendo videos, jugando o incluso leyendo y tenerlo en la mano tenía esa sensación dándome vueltas en la cabeza: «se queda pequeño».

En este punto permitidme que me detenga un momento porque yo soy de las personas que ha vivido todas las etapas de la telefonía móvil.

He conocido los teléfonos integrados en el coche, después los maletines de varios kilos de peso, los zapatófonos que no cabían en ningún bolsillo… En esa etapa la evolución era reducir el tamaño, cada generación era más pequeña y los teléfonos más caros su insignia era ser diminutos. Recuerdo un Nokia muy pequeño que costaba lo mismo que un sueldo normal, igual que a día de hoy los smartphones de gama alta.

Si hacéis un poco de memoria recordaréis que cuando Apple lanzó el primer iPhone la gente se reía porque era enorme ¿quién iba a querer llevar algo tan grande en el bolsillo?

Algo similar a lo que pasó cuando Samsung lanzó su primer modelo Note, no eran pocas las fotos de gente con ese teléfono «enorme» en la cara haciendo que hablaban por teléfono para burlarse de un tamaño tan absurdo… Y a día de hoy cualquier teléfono es, como mínimo, igual de grande que ese.

Puede parecer contradictorio, pero es bastante sencillo. En la primera época los teléfonos «solo» servían para realizar o recibir llamadas. Después se puso de moda el envío masivo de SMS, pero seguía siendo un uso muy básico por lo tanto cuanto más pequeño fuese mejor.

Sin embargo a día de hoy el principal uso de estos dispositivos es tanto de consumo como de generación de contenidos.

Vemos videos y fotos de forma masiva, igual que hacemos fotos y vídeos para compartir con nuestros contactos. Aquí el tamaño importa y mucho porque lo que queremos es comodidad y calidad de imagen.

Esa extraña sensación que tenía con el iPhone X era debida a un pensamiento interno que se resumiría en: «si antes el tamaño total de mi teléfono era mayor ¿por qué tengo ahora uno más pequeño?»

Ahora tenía un teléfono que era todo pantalla del tamaño de pantalla de mi anterior teléfono ¿por qué no tener un teléfono que sea todo pantalla pero del tamaño total de mi anterior teléfono? Y eso es el iPhone Max.

El agarre sigue siendo muy bueno, se nota de muy buena calidad y resistente, de hecho es el primer teléfono al que no he puesto una funda, tan solo un bumper que ni se nota porque no quiero estropear su diseño.

El FaceID si antes era bueno ahora es magia, la calidad de la pantalla es excelente, las fotos, vídeos… Pero con un tamaño de pantalla mayor.

No es una tontería, el fatídico Notch que tanto revuelo causó en las anteriores generaciones en un tamaño de pantalla tan grande es como si desapareciera. Ver vídeos es una gozada e incluso editar fotos resulta cómodo en cierta medida.

Poner un artículo en modo lectura es una gozada… y os lo dice una persona que se leyó un par de los libros de Juego de Tronos en un iPhone 5.

Los teléfonos grandes han venido para quedarse, y ni se van a marchar ni es ridículo usarlos. En todo caso, por desgracia, lo ridículo sería llevar un teléfono pequeño pudiendo llevar uno grande. 

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