Cada país tiene su propia forma de realizar tanto las series como películas e incluso anuncios. Nosotros que con la globalización estamos tan acostumbrados al cine americano enseguida se nota que una película es de otro país…

Sin embargo a la hora de crear una serie todos los países siguen una regla en común a la hora de preparar el guión de las series. Debe realizarse en torno a la publicidad.

Cuando los guionistas deben preparar las escenas, tramas, giros de efecto, generar tensión… todo eso debe crearse pensando en los bloques de anuncios. El corte debe realizarse tras un suceso que genere un interés tal que el espectador no cambie de canal y se olvide de lo que estaba viendo. Algo que por cierto cuando yo veía la tele me sucedía con frecuencia.

A la hora de elegir las series que quería ver las españolas nunca entraban en mis preferencias, por razones que trataré otro día. Hasta la semana pasada que por fin me animé a ver «La casa de papel». Serie que nos ha enganchado y estamos devorando, tiene muchos fallos, pero se le perdonan con cariño.

Si elijo esta serie es porque es perfecta para explicar el cambio en el modelo de creación que estamos viviendo actualmente.

La casa de papel fue una apuesta de Antena 3 y que por alguna razón que no termino de comprender al final no terminaron de apostar por ella.

Fue una apuesta porque decidieron crear algo de calidad, una serie con la que sacar pecho. Como hizo HBO con «The Waire», por ejemplo. Un producto de gran calidad, alabado por la crítica pero que no resultaba rentable para la cadena.

Mucha gente ni tan siquiera sabe que La casa de papel era de Antena 3, la emitían a unas horas intempestivas, cambiaban los días de emisión, no se le dio nada de publicidad… Total, que nadie sabía de su existencia. ¿Por qué pasó eso? Porque incumplió la regla de oro, no estaba creada en torno a los bloques publicitarios.

Los guionistas se preocuparon de la historia, los personajes, que tuviera su propio ritmo y que los giros llegasen cuando tuvieran que hacerlo, no acelerarlos o retrasarlos de forma artificial.

Sin embargo la compró Netflix, una plataforma online que no depende de la publicidad, sino de la calidad de sus productos. Una plataforma pensada para coger una serie y pegarte un atracón el fin de semana y devorar las temporadas. Y para eso «La casa de papel» es perfecta.

Te da igual que los episodios duren casi una hora, te olvidas de la publicidad y te enamoras de los personajes. La historia te sorprende y deseas ver el próximo episodio en cuanto termina el actual.

¿Qué hubiera pasado con esta serie con anuncios? En primer lugar los episodios deberían ser mucho más cortos por lo que no conoceríamos la vida de los personajes, no los comprenderíamos.

Cada diez o quince minutos cortarían para ponernos diez minutos de publicidad y nos iríamos al baño, la cocina y tras aburrirnos cambiaríamos a otro canal para ver que dan… Y a lo que nos diésemos cuenta habría pasado media hora y esa conexión se hubiera esfumado.

Esto tampoco significa que las producciones sean buenas por no girar en torno a la publicidad; requieren profesionales distintos, tiempo y sobre todo hacerse con cariño.

Yo estuve varios años suscrito a Netflix y terminé dándome de baja porque la gran mayoría de los productos originales de Netflix eran basura. 

Pero algo está claro, el modelo basado en la publicidad está cayendo en picado, al igual que el petróleo. No van a desaparecer a corto plazo, aún son poderosos y les quedan un reinado largo… Pero las empresas petroleras llevan mucho tiempo preparándose, y yo no veo que las televisiones hagan lo mismo.

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