Si sois de los que me seguís desde mis inicios en el podcast hace unos doce años ya sabréis que siempre he optado por el formato de la entrevista en todos los podcast que he realizado.

Yendo con la verdad por delante os diré que no tengo ni idea de porque he seguido este patrón. Jamás había tenido el más mínimo interés por el género de la entrevista. No conocía periodistas que realizasen este género y, además, en España no es como en Estados Unidos que este género periodístico tiene un gran peso tanto mediático como político.

En España la entrevista es un género sin visibilidad, pero de pura casualidad descubrí que me encantaba poder entrevistar a la gente y ese impulso nació en mí gracias al podcasting.

Descubrí los podcast gracias a un iPod touch de primera generación y me fascinó. Había muchas personas grabando podcast sobre temas que les apasionaban y, además, con grandes conocimientos sobre ese tema.

Según escuchaba los podcast me encontraba haciendo preguntas a esas personas pese a ser consciente de que no podían escucharme; hasta ese grado de proximidad y conexión es capaz de llegar un podcast. 

Te hace sentir que formas parte de él y esa persona que estás escuchando es tu amiga… ahí es como nació mi ansia por querer conocer a esas personas y preguntarles todas esas dudas que hasta ese momento formulaba al aire.

Es muy bonito contactar con una persona que admiras y que te conceda una entrevista, pero también es muy duro y de eso voy a hablaros hoy; de los problemas de realizar un podcast de entrevistas.

Al principio era muy sencillo, al entrevistar a podcasters era gente accesible y no me costaba nada contactar con ellos para solicitar una entrevista. 

Pero eso cambió y comencé a entrevistar a todo tipo de personas, con diversas profesiones, conocimientos de informática, equipamiento… y fue un horror.

He entrevistado a gente que no tenía ni ordenador y debí grabar la entrevista llamándoles a un teléfono.

También ha gente con un ordenador muy antiguo y sin micrófono que por hacerme el favor y tras estar un buen rato hablando con ellas les enseñé a configurar Skype y usar unos cascos antiguos de un teléfono para poder grabar.

Para mí eso era secundario, lo importante era entrevistar a esa persona. Al igual que yo piensa mucha gente porque hace unas semanas realicé unas encuestas en twitter sobre que es lo que más valoraban de un podcast y ganó de forma holgada que lo importante era el contenido.

Sin embargo ¿sabéis qué es lo que ocurre? Un podcaster recibe muy poco feedback, salvo que tenga varios miles de descargas por episodios claro está.

Y lo comprendo, yo he escuchado muchos podcast y aunque me gustasen era muy raro que dejase un comentario. Sin embargo ¿sabéis qué es lo que pasaba cuando publicaba una entrevista grabada en malas condiciones?

Exacto, que los comentarios brotaban como setas: vaya mierda de audio, imposible escuchar la entrevista, me daba dolor de cabeza, a ver si mejoras el sonido…

No pienso mentiros, esos comentarios duelen, por supuesto que los ignoro y me son indiferentes. Pero tocan las narices mogollón.

Conseguir ciertos contactos es muy complicado, no os podéis imaginar el tiempo invertido en algunas entrevistas. Después debes conseguir que acepten concederte la entrevista y por último cuadrar un horario.

Tras superar todas esas barreras yo no voy a decirle al entrevistado «oye mira, baja al media Markt o Fnac y cómprate este micrófono y unos cascos o no te entrevisto». Es ridículo.

No solo eso, incluso en programas de radio muchas intervenciones de algún colaborador se hacen mediante Skype o teléfono y el sonido es malo, pero es lo que hay.

Y ojo que entiendo las quejas, es precisamente por la cercanía que he mencionado antes. Tu sientes que formas parte de ese podcast y unas entrevistas se escuchan genial y quieres que siempre te escuche bien, por lo tanto cuando eso falla expresas tu descontento.

Si digo que esas críticas dolían es porque a mí también me sabía malo tener esa calidad de sonido y era el primero en frustrarse cuando veía el sonido final que iba a tener ese episodio ¿creéis qué me gustaba grabar una entrevista llamando a un teléfono fijo? Pues no, pero mejor eso que perder la entrevista.

Se que esa crítica tenía razón, de ahí que doliese. Si la crítica fuese hacía porque no se hablar me resbalaría; pero la crítica era acertada y de ahí el dolor. Y era una crítica acertada sobre un hecho que yo no podía cambiar… y era como echar sal sobre la herida.

Por eso cuando decidí abandonar el podcasting tenía claro que no volvería a hacer entrevistas a través de internet, o por lo menos que mi proyecto no estaría basado en esa premisa… Ahora lo estoy haciendo sí, pero como comprenderéis no entraba en mis planes una pandemia a nivel mundial.

Me costó mucho decidir el rumbo que llevaría mi próximo proyecto, de hecho realicé dos pruebas distintas y fue a la tercera cuando cobró forma y lo ví factible.

Un podcast centrado en entrevistas a gente de mi comunidad, una sala que me prestaban para poder quedar con los entrevistados… Parecía que todo marchaba, pero no.

Como ya comenté en otro episodio me encontré sin sala donde grabar por lo que el podcast se podía dar por muerto, pero esa no es la única traba que me puso el destino.

En primer lugar debes encontrar gente a la que entrevistar, a día de hoy tenemos muchas maneras de buscar información. Pero así sin pensar os puedo decir que hay cuatro o cinco personas a las que llevo meses intentando encontrar la forma de contactar con ellos y sigo dándome de cabezazos contra la pared por no encontrar la forma.

Aunque consigas encontrar la forma de contactar con ellos eso no significa que te vayan a responder. Procuro no ser pesado y envió un correo electrónico al mes explicando quien soy, mi proyecto, que lo quiero entrevistar y los temas sobre los que centraría la entrevista.

Por regla general me responden, pero hay varias personas a las que he enviado tres correos y no lo hacen. 

También están los opuestos, me responden enseguida, me dicen estar encantados de colaborar… Pero por más que les pregunte cuando quedamos, horarios, si les va bien grabar en unas semanas ya nunca vuelvo a saber nada de ellos. 

Cosa que no entiendo la verdad, si me respondes dime directamente que no te interesa y se acabó el tema; no se vosotros pero yo lo veo mucho más elegante que decir que sí y luego desaparecer.

Es cierto que el problema del sonido se resuelve por completo, yo pongo la sala y el equipo por lo que me garantizo que las críticas sobre la mala calidad del sonido desaparecen, pero surgen otros muchos problemas.

Como es lógico debo encontrar gente para entrevistar que sea de mi localidad para poder quedar con ellos de forma física.

Además deben estar dispuestos a desplazarse y que su horario le vaya bien. Antes al hacerlo por Skype se quedaba a una hora, se conectaban, se grababa y adiós. El tiempo invertido era el justo de la entrevista.

De esta forma calculemos entre treinta o cuarenta minutos para venir, grabar la entrevista y luego regresar a su casa otro tanto. Es decir, que yo les entreviste les está quitando como mínimo dos horas de un día y el inconveniente de desplazarse.

Pero ahí no queda la cosa, hay un problema que sigo teniendo ya sea a través de internet o en persona: la timidez o desconfianza del entrevistado.

Aunque es cierto que si grabo de forma presencial puedo ver la expresión fácil, su lenguaje corporal y saber si está incómodo, es tímido y puedo ir cambiando el tono de la entrevista para conseguir que se sienta cómodo y se relaje, a través de Skype eso es mucho más difícil.

Tengo muy claro que en este género no hay duda, las entrevistas deben ser presenciales, los dolores de cabeza son mucho mayores pero compensan.

Haciendo un resumen de lo que supone para mí os puedo enumerar de forma rápida:

– Debo buscar una sala donde grabar.

– Limitar la búsqueda a gente de mi comunidad.

– Convencerles para que accedan no ya a la entrevista, sino también a desplazarse.

– Trasladarme a mí y a todo el equipo (son doce kilos).

– Ir una media hora antes para dejar todo preparado y que el invitado no deba esperar.

– Cuando estoy allí con todo montado los nervios de que no me de plantón el entrevistado.

– Recoge todo el material (veinte minutos) y vuelve a casa (cuarenta minutos).

Como veis los inconvenientes no son pocos, recordemos que esto es una afición sin ánimo de lucro. Pero no me quejo.

Considero que lo que me aporta compensa con creces el esfuerzo realizado. Conozco mucha gente, pierdo la timidez, gano conocimientos de muchos temas, mejoro mi forma de hablar y expresarme y comparto con gente de todos los países mi afición.

Además realmente me gusta lo que estoy haciendo y este nuevo proyecto llamado «Charletas» que se me ocurrió, una pena no haber tenido la idea antes, porque estoy dando visibilidad de forma indirecta a mi tierra que se hacen cosas muy interesantes y no las conoce nadie; ni tan siquiera yo.

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