Soy un desastre, ya lo comenté en un episodio no hace mucho. Lo sé, lo repito y por desgracia no será la última vez que me de cabezazos contra la pared.

Durante las vacaciones de Navidad, con todo el tiempo por delante, energías renovadas y haciendo cálculos tumbado en la cama es fácil creer que se puede con todo. No hace falta tan siquiera que recuerde las típicas listas de propósitos de año Nuevo ¿verdad?

Y por mucho que me esfuerce en intentar ser realista e intentar no proponerme demasiados objetivos ya me di cuenta antes de concluir Enero de que iba a pinchar en uno… Por fortuna ese objetivo no era digamos de la lista principal, sino uno de los secundarios que dices «y si además puedo hacer esto, perfecto».

Pero quiero explicar el error que cometí y como, pese a comenzar bien el año estructurando la auto impuesta carga de trabajo fallé en la propia base. Espero que mi experiencia pueda servir para que alguien no cometa ese mismo error.

Lo primero que hice al estructurar el ritmo fue dejar claras las preferencias y los trabajos digamos «complementarios» que servirían como ejercicio y hacer mejor esas tareas principales:

– La más importante son las entrevistas, publicar tres al mes.

– La segunda es aprobar en la escuela de idiomas en mi primer año

– La tercera mejorar mi forma de escribir y preparar guiones

– La cuarta y última lograr publicar mínimo dos documentales este año

El problema es que algunas tareas no se pueden cuantificar, por ejemplo la primera de publicar tres entrevistas. Comprendo que muchos pensarán que es sencillo; pides una entrevista, acuerdas fecha y la grabas.

Pero no, es una tarea que no depende en exclusiva de mí. En primer lugar debo estar siempre buscando información para ver a quien puedo entrevistar, una vez decidido este punto debo investigar como puedo contactar con ella para solicitarle una entrevista, después debe acceder y por último acordar fecha, preparar la entrevista… No es tan solo la entrevista sino todas las horas previas.

Para que os hagáis una idea de esto suelo trabajar con un abanico de cinco personas a las que he solicitado una entrevista para intentar garantizar que por lo menos una no me falle.

Después tengo la escuela de idiomas, con la que debemos partir de la base de que nunca se me ha dado bien el inglés por lo que me requiere un gran esfuerzo. A la semana aparte de las cinco horas que se deben acudir a clase le dedico una media de seis u ocho horas de estudio… Como veis es un gran agujero negro de tiempo.

Y llegamos a la tercera, que es donde pinché. Mi idea para mejorar mi forma de preparar los guiones era con mi segundo podcast, Charlemos, el que estáis escuchando en estos momentos. Escribo un artículo, un guión que es el que luego leo y grabo con ciertos matices claro está. Y es que aunque muchos podcaster insisten en que lo importante es la naturalidad a la hora de transmitir «y en lo cual estoy totalmente de acuerdo» también es cierto que si se quiere asegurar el comunicar lo que uno quiere debe prepararse. Hay que escribir un guión y lograr transmitirlo con el entusiasmo y la viveza de no estar leyéndolo.

Porque sino al final siempre ocurre lo mismo de repetir una misma cosa diez veces, dar vueltas sobre un mismo tema sin aportar nada nuevo y lo peor, terminar sin haber explicado lo que se pretendía desde un primer momento. Ojo, que esto también ocurre si se escribe un guión, no penséis que es fácil.

Pero como suele ocurrir me vine arriba y se me ocurrió otra idea para mejorar mi forma de recopilar información y estructura de guiones; grabar unos episodios adicionales para el podcast explicando un par de Epifanías al mes.

Esto lo hice durante las vacaciones de Navidad, preparé los dos episodios que se publicarían en Enero y daba por hecho que al trabajar con un mes de anticipación iría sobrado… Error.

Y error por varios motivos, no solo por el tiempo. En primer lugar lo que hice no es lo que tenía en mente. No pude dedicar todo el tiempo que quería a investigar, no pude preparar bien el tema o mejor dicho no pude darle la profundidad que quería aportar. El resultado final eran episodios muy cortos tratando por encima los temas.

Que tampoco es que fuera un desastre, pero no era el resultado que yo quería.

Y aquí viene lo importante, lo dejé en el acto. Podría haber seguido, si hubiese querido no hubiera tenido problema en continuar publicando episodios de entre cinco y diez minutos pero sería relleno, no aportaría valor.

Y lo más importante, en lugar de aprender «que es lo que buscaba» lo único que lograría sería perder horas y afianzar en mi interior de forma inconsciente lo que se llama «tapar agujeros» en lugar de hacerlo bien desde el comienzo.

El proyecto de las Epifanías sigue ahí, pero lo he dejado en la nevera porque he pensado hacerlo junto con otra persona. Después del verano habrá más información.

Por el momento voy a centrarme en lo vital, las entrevistas y los documentales. El primer documental las imágenes y entrevistas las tengo grabadas desde hace casi un año pero me falta saber desde que punto lo quiero enfocar y, sobre todo, si necesito material adicional.

El segundo documental y que comenzaré a grabar este mismo mes de Febrero está en marcha y espero publicarlo antes de finalizar el año, si no lo he hecho… metedme caña por favor, ese si sería un fallo imperdonable.

Como resumen tan solo os quiero decir que se deben tener claras las prioridades, es importante tener misiones secundarias que nos ayuden a mejorar en la principal. Pero mas importante aún es saber identificar las que restan en lugar de aportar y eliminarlas.

Porque aunque no pueda parecerlo el estar dedicando tiempo y esfuerzo en algo de por si ya es un desgaste. Muchas veces ese tiempo esta mucho mejor invertido en salir a dar un paseo y despejar la mente, que en desgastarnos mentalmente.

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