Hay películas que son un clásico imprescindible de la época navideña; una de ellas es sin lugar a dudas «Solo en casa». Película que pese a tener 30 años sigue encantando a día de hoy tanto a  mayores como a pequeños.

Esta película es entrañable por diversos motivos. La genial actuación del protagonista, guión, originalidad, banda sonora, dinamismo…

Pero hoy vamos a centrarnos en su dinámica, la fluidez de la historia y como pese a seguir un camino del héroe común y conocido funciona a la perfección.

Esta película me llama mucho la atención porque es bastante larga teniendo en cuenta la época de la que es, poco más de cien minutos. Pero es tal el grado de inmersión que sientes que tienes la impresión de ser corta. 

Además tiene pocas localizaciones: la principal de la casa, tienda, iglesia y alguna en la que aparece la familia. No hay grandes escenas de acción salvo al final de la película.

La presentación de la historia es lenta, el conflicto entre el niño y su madre estalla cuando llevamos veinte minutos de película. Pero esos primeros minutos son una locura: gente yendo de un lado para otro, se cruzan los diálogos, no para de aparecer gente haciendo cada uno una cosa distinta… Incluso tenemos un repartidor y un policía en la entrada de la casa y no les atiende nadie porque todos los que pasan por ahí nadie vive en esa casa.

Si lo analizamos fríamente puede parecer excesivo, quizá  pensemos que reduciendo esa presentación a diez minutos serviría. Pero creedme, no lo haría. Es gracias a ese caos de casa el que hace que nos parezca creíble que se olviden de su propio hijo.

La base de la historia es algo utilizado en infinidad de ocasiones, «ten cuidado con lo que deseas porque se puede cumplir». Pero narrado desde un punto de vista original y, todo hay que decirlo, muy complicado de desarrollar; una rabieta de un niño pequeño.

Incluyen una rápida escena en la que a la vez nos muestran que esa casa va a estar incomunicada porque están haciendo reparaciones en la línea telefónica y como han tenido precauciones para no olvidar a nadie preguntando a una de las hijas mayores si ha contado que estuvieran todos, pero contó a un vecino como uno de los niños.

Las etapas son intuitivas; en un primer momento alegría por estar solo y poder hacer lo que uno quiera.

Come porquerías, registra toda la casa, ve las películas que no le dejaban, se tira por las escaleras con un trineo… Lo que todo niño pequeño haría, por eso empatizamos tan pronto con él.

Pero cuando descubre que alguien intenta entrar a robar en casa se asusta, no hay nadie salvo él y debe actuar rápido.

Ya no puede tener miedo, no puede ser un niño, es el único para defender la propiedad de su familia.

Se preocupa en arreglar la casa, hacer la compra, idea geniales trucos para hacer creer que hay mucha gente en casa por la noche….

A la vez debemos conocer quienes son los villanos, a quien tiene que enfrentarse nuestro héroe. Son dos ladrones hábiles, uno de ellos metódico y organizado, pero el otro un poco…. Especial.

De vez en cuando, para no saturar, cortan la acción principal mostrando escenas de su familia. Las aventuras de la madre dispuesta a todo para volver a casa, la mente fría del padre, las opiniones de los hermanos y primos… Son pinceladas, pero esas pinceladas realzan el dramatismo y la comedia de la historia principal del niño.

De todo esto y mucho más hablamos y analizamos en el episodio del podcast de hoy que da inicio al ciclo especial de Navidad.

Como siempre esperamos que os resulte interesante.

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